{"id":221,"count":1,"description":"<strong>Eduardo Zamacois y Zabala<\/strong>\r\n<strong>Bilbao, Espa\u00f1a<\/strong>\r\n<strong>(1842 - 1871)<\/strong>\r\n\r\nNacido en Bilbao, Espa\u00f1a, Zamacois estudi\u00f3 pintura en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid desde 1859. Un a\u00f1o despues estudi\u00f3 en Paris con Jean-Louis-Ernest Meissonier. Muere a la corta edad de 29 a\u00f1os en Madrid.\r\n\r\nLa carrera y las obras del espa\u00f1ol Eduardo Zamacois\r\n\r\nMadrid es una ciudad encantadora. Sus hombres y mujeres pasean, r\u00eden y aman m\u00e1s que en cualquier otra ciudad del mundo. En las cordiales y blandas noches de invierno, los teatros se llenan de espectadores. Los actores favoritos son los que provocan la risa -el hombre cansado quiere re\u00edr. Entre ellos se encuentra un joven fino y de poca estatura, antiguo soldado, hermano de un gran pintor y de una famosa cantante. Tiene facilidad para imitar: reproduce las voces, los gestos y peculiaridades de la alta sociedad. Si no tomamos en cuenta esa capacidad para la imitaci\u00f3n, y a pesar de su naturalidad espont\u00e1nea, su voz aguda y llamativos ojos, podr\u00eda decirse que es muy mal actor; pero cuando se le oye parodiar el tono de conocidos tr\u00e1gicos y comediantes, o se le ve falsear el aire melanc\u00f3lico de poetas de la actualidad, estalla la alegr\u00eda y, con fuertes salvas de aplausos, se le reconoce su habilidad extraordinaria. El rid\u00edculo, como lo sublime y lo bello, tiene cumbres. La imitaci\u00f3n burlona y la agigantada reproducci\u00f3n de las excentricidades humanas, aunque repugnante para los esp\u00edritus superiores, es \u00fatil y sana. Son cr\u00edticas que no ciegan los celos ni el odio. Este joven actor, Zamacois, es un elefante en una cristaler\u00eda cuando en la escena adereza su vestuario para personificar a cualquiera. Su ingenio es la s\u00e1tira. Es una caricatura viva, sin la superioridad que caracterizaba a su hermano, el pintor. Tiene el mismo talento en la parodia e igual alegr\u00eda, pero no su profundidad. \u00bfDe d\u00f3nde le viene su facultad de imitaci\u00f3n? Fue estudiante del colegio militar -un nido de hombres sin gracia. Ha llevado una vida errante, en la cual el talento, como planta abandonada, se marchita y muere. Esto ha influido, sin duda, ya que el joven es un espont\u00e1neo y agudo observador. Pero probablemente su genio proviene de la misma fuente que el de su mordaz y sensible hermano, quien dej\u00f3 en lienzos, con mano firme, precisas y vibrantes pinturas, m\u00e1s logradas al reconstruir el pasado para servir el porvenir que los dibujos laboriosos de pintores que se dedican a buscar, en edades muertas, sucesos aislados.\r\nLa habilidad de captar una \u00e9poca en un cuadro, o en unas hojas de papel, no le es dada a todos. El genio del hombre es padre incansable; sus hijos se parecen tan s\u00f3lo en la fuerza: viven en su originalidad. La variedad agrada: los ojos fatigados con la igualdad en el color, el tono y la forma, se iluminan admirados con un nuevo matiz de tristeza o de gozo; basta que sea nuevo. Los j\u00f3venes ingleses de barbas ligeras enloquecen de felicidad cuando, vestidos como bergantes, comen las uvas de M\u00e1laga acompa\u00f1ados de los que quieren serlo. Es algo aut\u00e9ntico y nuevo para ellos. Lo mismo sucede con la pintura espa\u00f1ola, y \u00e9ste es el secreto de su \u00e9xito maravilloso y duradero en el mundo art\u00edstico. No es ella m\u00e1s que un reflejo del cielo en que se crea; pero con la firmeza de una mano g\u00f3tica vac\u00eda en el lienzo toda el alma que brilla en los rostros resplandecientes y la luz que la calienta.\r\nAhora veamos dos de las excepcionales cualidades de Eduardo Zamacois. Al contemplar el vigor de su s\u00e1tira podr\u00eda decirse que ha usado l\u00e1tigo en vez de pincel. Preg\u00fantese a monjes, cortesanos y reyes; ellos responder\u00edan lo mismo. Sus \u00fanicos medios fueron la mano g\u00f3tica y la luz que conforta el esp\u00edritu. Fue un pintor fil\u00f3sofo. Hay mujeres a la moda y mujeres valerosas que desaf\u00edan la moda. Hay esclavos que se doblegan bajo el yugo y otros que lo rompen. El hombre que complace al voluble tirano de la moda sin rebajarse debe ser feliz. Un hombre superior es aqu\u00e9l que sabe aprovecharse de ese poder del agrado, y lo usa para expresar un pensamiento s\u00f3lido y permanente. Zamacois rechaz\u00f3 lo indigno como los mercaderes fueron arrojados del templo. El vio los monjes miserables que no entend\u00edan al Dios de sus sermones, que medraban con el temor de los que no sab\u00edan morir, que volvieron piedra en las paredes de sus iglesias las almas del pueblo, que vend\u00edan indulgencias por los pecados que ellos mismos causaban y comet\u00edan, y alz\u00f3 el l\u00e1tigo. El vio los hombres afortunados cuya grandeza se media por los enemigos muertos en la guerra y por el numero de afligidas mujeres que enviaban al har\u00e9n de los monarcas -par\u00e1sitos entorchados que reciben alimento de los mismos que ellos devoran; -y alz\u00f3 el l\u00e1tigo. Tampoco olvid\u00f3 flagelar al rey que se aprovechaba de estos adulones e hip\u00f3critas, que convert\u00eda a los hombres en bufones temerosos de su amo, que forzaba la reverencia de los monjes que sufr\u00edan su desprecio y estrangulaba a los arrodillados; tambi\u00e9n \u00e9ste fue castigado. Monjes, nobles y reyes sintieron el l\u00e1tigo. Los cuadros eran s\u00f3lidos, el dibujo de acero, el color de fuego; la fuerza de Cervantes, la s\u00e1tira de Moli\u00e8re y la consistencia de Meissonier. Son cuadros peque\u00f1os, pero m\u00e1s grandes que muchos grandes cuadros -vivos, brillantes y encendidos. Son ideas eternizadas, opulentos de luz, magistrales de t\u00e9cnica. Revelan la individualidad de un verdadero hijo del genio. Son la concreci\u00f3n de la gracia, del reposo, de la fidelidad y de la fuerza.\r\nEl que exagera pierde lo que de otros exagera. Para ser \u00fatil hay que ser exacto. Para ser fuerte hay que comprometerse con la verdad. Al principio puede perderse alguna batalla pero, se ha de ganar la decisiva. Para ser invencible hay que hacerse inexpugnable; para ser maestro hay que serlo primero de s\u00ed mismo, aun en el celo de la ira justa. Zamacois era m\u00e1s prudente con el color que muchos grandes escritores con su pluma. La caricatura que degrada rebaja al caricaturista; Zamacois nunca baj\u00f3 hasta ella. Amaba demasiado la belleza para pintar lo feo. Sab\u00eda que exagerar la verdad es debilitarla. Por peque\u00f1a que sea, la injusticia es un arma poderosa en las manos de quien la padece.\r\nZamacois era serio y sat\u00edrico. Lo mismo atra\u00eda al fr\u00edvolo que al grave: seduc\u00eda hasta a los que flagelaba; era admirable a trav\u00e9s del cabal reflejo de su burla, y terrible a trav\u00e9s de las sangrantes heridas que abr\u00eda. La suya era una s\u00e1tira experimental, apropiada para un siglo en el que se sacan conclusiones de los hechos. Tambi\u00e9n era una s\u00e1tira l\u00f3gica, en la cual, como en toda buena comedia, la moraleja viene de la obra misma sin el doloroso esfuerzo que deprime la energ\u00eda del autor.\r\nAl estudiar sus cuadros se descubre la penetrante visi\u00f3n de Rabelais y se oye la risa sana del creador de Sancho Panza. El pobre y el ignorante nunca sufrieron por su mano; sus problemas se resolv\u00edan al dirigir nuestra atenci\u00f3n al vestido de seda y a la rizada peluca. Con m\u00e9todo, persistencia y valor descubr\u00eda la perniciosa existencia de cortes y conventos; pero sin odio, sin desenfrenada imaginaci\u00f3n y sin rebuscar lastimosos extremos. Expuso las llagas de la pereza, la infamia, la hipocres\u00eda, el temor y la mentira. Por m\u00e1s ciertos que fueran, nunca busc\u00f3 casos aislados o faltas accidentales. Pint\u00f3 nobles sonrientes en sus palacios; curas recabando caridad mientras com\u00edan alegremente; curas que interrump\u00edan la intimidad de los reci\u00e9n casados para procurarse una taza de buen chocolate, holgando en las iglesias o alborozados en la puerta de los monasterios. Sus cuadros provocaban desprecio hacia cl\u00e9rigos y cortesanos; y eran estos, no el pintor, los responsables. Los pint\u00f3 tal como eran: altivos, adornados de seda; robustos y sensuales, vestidos de buriel.\r\nEl artista que ha de sobrevivir en sus cuadros dibuja la verdad. El que se contenta con la mera copia y ornamentaci\u00f3n de Lo perecedero est\u00e1 destinado a perecer. Hay que mostrar a los hombres que se les entiende para ganar su admiraci\u00f3n. Zamacois pint\u00f3 los defectos permanentes con un estilo brillante: \u00e9se fue el secreto de su \u00e9xito; muchos otros contribu\u00edan al encanto de una idea germinal. Correg\u00eda sin lastimar porque basaba la critica en una \u00e9poca pasada. Esto daba a su s\u00e1tira hermosa fuerza. Con justicia Llamamos a algunos hombres grandes pintores; con respeto decimos de Zamacois. \"He aqu\u00ed un pensador\". El dominio, de si mismo era su energ\u00eda - hasta la indignaci\u00f3n generosa puede llevarnos muy lejos. Quiz\u00e1s una superioridad de la pintura sobre las letras es que aqu\u00e9lla obliga a la reflexi\u00f3n, al estudio, al mejoramiento y a los cambios. La pluma tiene alas y anda demasiado aprisa; el pincel pesa y no vuela tan ligero. Al igual que la pintura, escribir es un arte. Como el actor, un escritor escoge en silencio la forma m\u00e1s apropiada para expresar Lo que concibe al calor del afecto o de la indignaci\u00f3n. Construye su obra como el carpintero la casa. \u00a1Y qu\u00e9 gran constructor era este espa\u00f1ol! Naci\u00f3 en un pa\u00eds donde los hombres son honrados y las mujeres hermosas, pero donde los hombres y las mujeres creen defender sus derechos naturales al morir por don Carlos, el monarca de los frailes. Una aversi\u00f3n viviente y honorable ha germinado en el alma generosa de los gentiles, orgullosos e ingenuos j\u00f3venes de Vizcaya. Los curas encienden y vuelven a encender la antorcha de la guerra civil, Y la juventud cae como el ma\u00edz bajo la hoz en tiempo de cosecha. Los vizca\u00ednos no pueden querer a esos curas.\r\nCon honesto aborrecimiento, Zamacois vio cl\u00e9rigos gordos y holgazanes brincando corno cuervos en las callejuelas solitarias de Zaragoza, en los callejones oscuros de Pamplona y en las calles \u00c1rabes de C\u00e1diz. Vio, al monje de hace un siglo todav\u00eda reinante en Espa\u00f1a, viviendo del exceso de benevolencia de unos y de la ignorancia de otros. Decidi\u00f3 aniquilar a ese monje. Entonces, se exaltaba en Espa\u00f1a a una mujer que hab\u00eda sido extraviada por aqu\u00e9llos que quer\u00edan usufructuar su poder. Francia gem\u00eda bajo la bota de un reci\u00e9n llegado intranquilo, ante quien bajaban la cabeza hombres como Pr\u00e9vost Paradol y Laboulay\u00e9. No debe extra\u00f1arnos que Zamacois odiara esas cortes. Su brillo ahogaba la raz\u00f3n; su aliento recargada del f\u00e9tido olor de las guerras injustas que sostienen las monarqu\u00edas, corromp\u00eda los corazones. No se deb\u00eda s\u00f3lo lanzar al aire el sano desprecio, era necesario denunciar en el lienzo esa verg\u00fcenza, darle forma con la libertad de Holbein, Albert D\u00fcrer y Brauwer; la infamia resist\u00eda la muerte; era necesario exhibirla en su degradaci\u00f3n para que viviera eternamente. La juventud es una mariposa medio enloquecida; quema en la primera luz sus alas fr\u00e1giles y la carga delicada de sus ensue\u00f1os. Zamacois lo sabia. Para salvarse se alej\u00f3 de la llama. Sus tenues alas se convirtieron en alas de acero; las model\u00f3 con Meissonier. S\u00f3lo los m\u00e1s impecables pintores trabajan en la casa elegante y silenciosa de Meissonier. Sus alumnos tienen que saber dibujar el pelo de la crin de un caballo blanco y las fibras de un trozo de madera. Tan s\u00f3lo por sus cualidades dominantes ya son maestros. De la observaci\u00f3n derivan su capacidad art\u00edstica. Meissonier admite en su estudio s\u00f3lo a aqu\u00e9llos que puedan reproducir la carne viva; all\u00ed aprenden a darle colon Hay pintores poetas que generalizan al dibujar. En este siglo de doctrinas positivas es conveniente que exista el pintor anal\u00edtico. \u00a1L\u00e1stima que le falte lo que falta tambi\u00e9n a su filosof\u00eda, a los amantes del arte que compran sus obras y a la \u00e9poca en que es glorificado: la ciencia de lo que no se materializa! Por su dedicaci\u00f3n exclusiva a lo exterior, ha perdido el poder interior para animar Lo externo. No puede pintar. Como los j\u00f3venes a la moda, dedica demasiado tiempo a acicalarse para entender o ejecutar Lo m\u00e1s serio.\r\nUna gran prueba de talento es saber escapar de la influencia de los grandes talentos. Saber rebelarse es una ciencia. Zamacois mostr\u00f3 esta se\u00f1al del genio. Con una mirada a sus cuadros vistosos de acabado tan admirable, pintados con el mismo trazo en todas sus esquinas, puede decirse: \"He aqu\u00ed al disc\u00edpulo del pintor de 1807\". En sus dibujos con la t\u00e9cnica de Meissonier no se ve, sin embargo, a Meissonier. El estilo, est\u00e1 ah\u00ed, pero su arte ha crecido. En el disc\u00edpulo saludamos a un gran maestro.\r\nEn Zamacois siempre domina el reposo; aunque, diferente a Fortuny, no odiaba el bullicio. Educado, en Par\u00eds, aprendi\u00f3 a vivir con el ruido y Lo escuchaba con placer. Cuando se le invitaba a ver las grandes obras de la naturaleza se volv\u00eda sonriente para estudiar la naturaleza del hombre. Para \u00e9l la naturaleza era la humana. Podr\u00eda haber dicho. \"Sigo la t\u00e9cnica, de mi maestro, Meissonier, y de mi amor a la observaci\u00f3n; en mi paleta llevo la solidez, la serenidad y el colorido de mi vieja tierra de Vizcaya. Mis monta\u00f1as son alturas morales, mis r\u00edos y mares las pasiones de los hombres, y mi sue\u00f1o es exterminar a los infames, castigar al adulador, mejorar la humanidad poniendo ante sus ojos un espejo fiel - que no s\u00f3lo refleje el cuerpo sino que reproduzca, tambi\u00e9n, su alma acusadora, desnuda, enfermiza y fr\u00eda. \u00a1Fuera los pintores de Lo bonito! \u00a1Id vosotros a copiar nubes! Yo soy pintor de lo grave: pintar\u00e9 hombres.\"\r\nPara conocer sus modelos vivi\u00f3 con ellos. Tom\u00f3 sus monjes de los monasterios, sus cortesanos de las cortes. Todav\u00eda hay hombres que consideran un honor arrodillarse ante un soberano que bosteza, y servirle de criado. Por mordaz que fuera la s\u00e1tira, a nadie enoj\u00f3 el artista. Los franceses aplaudieron sus gruesos frailes de Espa\u00f1a, pero no disgust\u00f3 a los espa\u00f1oles porque ridiculizaba a hombres de pasados siglos. Fue astuto este pintor. Como eran alegres, sus cuadros teman compradores entusiastas- les hac\u00eda re\u00edr y pronto lo perdonaban. Vivi\u00f3 la edad de los detalles, y sus cuadros se llenaban de, ellos. El poder de agradar estaba seguro en sus obras. En el pr\u00f3ximo siglo los artistas ilustrar\u00e1n mejor Lo que nosotros hemos examinado poco a poco en nuestros d\u00edas.\r\nZamacois tema un car\u00e1cter fuerte: sus dones as\u00ed Lo demuestran. Expresaba grandes ideas con brillo, solidez y prudencia. Ya era conocido y admirado cuando una de sus obras atrajo la atenci\u00f3n universal en la Exposici\u00f3n de Par\u00eds, en 1867. Este cuadro era superior a \"El favorito, del rey\", presentado el a\u00f1o siguiente, y a \"El regreso al monasterio\", que tanto hizo re\u00edr en 1869. Todo el mundo observ\u00f3 que su pintura era cuidadosa, trabajada, bien concebida y clara. Una vez encontrado el objeto de su b\u00fasqueda iba derecho a \u00e9l. No hizo paginas aisladas: cada una era parte de un libro inmenso, luminoso y profundo. El descubrimiento de un tema es se\u00f1al de un car\u00e1cter fuerte. \"Los bufones del siglo XVI\" es un cuadro maravilloso. Se ve la antec\u00e1mara del rey Enrique III. El instinto cr\u00edtico del pintor se manifiesta en la torpeza f\u00edsica de estos hombres inteligentes. Casi todo el mundo ha visto esa obra, y los que la vieron no la podr\u00e1n olvidar. Las caras hablan. Los ojos se humedecen ante ese cuadro en el que sonr\u00eden hasta los colores. Los pobres est\u00e1n all\u00ed, llenos de fuerza, desgraciados y envilecidos. Los cortesanos medio alocados se re\u00fanen en un corredor del Palacio Real. Es un lugar oscuro aunque no l\u00fagubre, sobrio en adornos como para no distraer el acontecimiento que all\u00ed sucede. Mientras esperan ser llamados por sus crueles y viles amos los cortesanos fingen divertirse. Uno de ellos, cuya alegr\u00eda aparente se retrata tan viva que involuntariamente nos obliga a quitarnos el sombrero, es el propio Zamacois, con su nariz prominente y enorme boca. Sus ojos \u00e1vidos simulan ya haberlo visto todo. A pesar de su afectado desprecio hacia Lo que le rodea, da la impresi\u00f3n de disfrutar de algo todav\u00eda. Otro que parece un hombre de estado esta en cuclillas. Es Worms, un pintor que, sin faltar a la originalidad del pa\u00eds que le inspir\u00f3, ha llevado la gracia francesa a los temas de Espa\u00f1a. Fue \u00e9l quien exhibi\u00f3 \"El romance de moda\", donde aparece una pagina deliciosa del Directorio, junto a \"El favorito del rey\". \u00a1Qu\u00e9 rostro! La frente es redonda como un hemisferio, el gesto es uno de resignada desesperaci\u00f3n, de una noche sin ida, de la pena lenta, constante e inconsolable de un jorobado -el coraz\u00f3n de V\u00edctor Hugo palpita en la espalda deforme de Quasimodo. Aun hay otro rostro; su esp\u00edritu burl\u00f3n confiere fuerza extraordinaria a sus rasgos comunes. Es el retrato de Raimundo Madrazo, el autor de \"La salida del baile\". Su barba negra trae a primer plano una boca llena de cruel pero justa iron\u00eda; su nariz respingada huele en el aire los vergonzosos secretos de sus enemigos; los ojos le brillan como diamantes. Mirad al buf\u00f3n de dudoso disfraz. Los vestidos resaltan el odio, de sus facciones. \u00a1Qu\u00e9 imponente es la pena de ese buf\u00f3n representado por Worms, y qu\u00e9 deseos de venganza y odio implacable arden en esa cara para la que Madrazo sirvi\u00f3 de modelo! Son dos enanos magn\u00edficos; los vemos para no olvidarlos jam\u00e1s.\r\nHay cierta rigidez en este cuadro, y algo excesivo, en los disfraces. El verde no logra una fusi\u00f3n feliz con el amarillo. A veces el fuego espa\u00f1ol sobrepasa la precisi\u00f3n francesa. Son faltas nobles la impaciencia del genio y el exceso de fuerza - demasiada masculinidad mejora la belleza de los j\u00f3venes honrados. Zamacois no se agobi\u00f3 por el uso indiscriminado de sus facultades; algunas almas grandes, sin embargo, se consumen en fuegos de artificio.\r\nMiremos \"El favorito del rey\". Si pudi\u00e9ramos tender el cuerpo de una monarqu\u00eda, a la luz de las cortes de la Regencia, de Felipe IV y de Carlos II, como el cad\u00e1ver de un desconocido expuesto en la morgue, completamente desnudo, ese cuerpo mostrar\u00eda las heridas que sangran en este cuadro del favorito. Un buf\u00f3n grueso y macizo, al que sigue un can miserable, sube la escalinata del palacio de su amo. Es la lecci\u00f3n que ense\u00f1a una monarqu\u00eda pintada sin piedad. Por su tono recuerda \"La eminencia gris\" de G\u00e9rome. Es un cuadro valioso, pero, le falta armon\u00eda. Zamacois no era a\u00fan el maestro del color que hab\u00eda de ser - daba la impresi\u00f3n de repintar con exceso el lienzo. El exagerado pulimento de una obra suele hacerla aparecer inconclusa. Aqu\u00ed el tema es sencillo pero eterno: los cortesanos y los altos dignatarios, por burla o temor, saludan al buf\u00f3n del rey; otros con sarcasmo saludan al perro. El buf\u00f3n es una denuncia viviente que pregona la culpabilidad de los nobles indolentes y cobardes. \u00a1Que pintor \u00e9se que pudo con acierto, y extraordinaria claridad, plasmar en tantas caras tal variedad y vida, y tan sorprendentes matices del vicio!\r\nEn el Sal\u00f3n de 1869 \"El buen pastor\" estaba junto, a \"El regreso al monasterio\". Como la rosa, aquel cuadro tiene espinas junto a sus hojas suaves. Un cura enjuto y duro, con formas de p\u00faa, simboliza zarzas y severas penitencias; y el otro que sonr\u00ede, amable y perfumando, es s\u00edmbolo del p\u00e9talo suave de una flor. Para agradar a las mujeres hay que vestir al Se\u00f1or de colores rosados. Desde luego, una procesi\u00f3n de fieles sigue al cura de la sonrisa, mientras que un aire de desolaci\u00f3n rodea al religioso severo. Es bueno el cuadro no porque sea una parodia de aqu\u00e9l valioso, y conocido de Heilbuth, sino porque es una soluci\u00f3n pl\u00e1stica, y del mejor humor, de un problema humano. Todo, el alcance de ese m\u00e9todo se muestra en 'M regreso al monasterio\". Un hermano lucha con su asno a la puerta de la abad\u00eda mientras que otros se r\u00eden de \u00e9l. Hace re\u00edr, no se puede evitar. En el forcejeo de la bestia y el fraile las provisiones han ca\u00eddo al suelo. Aqu\u00ed nos da otra lecci\u00f3n provechosa: agobiados de preocupaciones, los hombres buscan refugio en un monasterio, pero el animal se resiste a entrar. El burro tiene una graciosa cabeza de tan n\u00edtido perfil que muchos hombres la envidiar\u00edan. El lego tira con toda su fuerza de la rienda mientras que sus divertidos compa\u00f1eros intentan descargar el paciente animal. Todo el que ve este cuadro se pregunta si el religioso no es m\u00e1s torpe que el mismo asno. El cuadro est\u00e1 bellamente ejecutado con gratos colores. Es tambi\u00e9n una ingenua aunque aguda burla. Hasta los frailes se r\u00eden al contemplarlo -todos conocen a un hermano que les recuerda al hermano del asno.\r\nEl infatigable pintor sufr\u00eda de tisis. Perdi\u00f3 color y peso, pero continu\u00f3 siendo bondadoso. Era buen amigo: \u00e9l fue quien llev\u00f3 hasta Goupil a Fortuny, y quien lo present\u00f3 a W. H. Stewart, abri\u00e9ndole as\u00ed las puertas del triunfo. Trabaj\u00e9 en el estudio de Fortuny cuando ese gran pintor estuvo en Par\u00eds. Zamacois empez\u00f3 a desfallecer mientras preparaba su mejor obra. \"La educaci\u00f3n de un pr\u00edncipe\". A pesar del tema ufano, es un cuadro austero. Aunque todo en \u00e9l sonr\u00ede, es una pintura llena de l\u00e1grimas. En nube de vivos colores, en la que se esconde una tormenta, el artista alcanz\u00f3 la mejor expresi\u00f3n de su talento original -su capacidad de s\u00edntesis. Mirad la escena: combina la historia de Europa con la historia de la humanidad. Miradla otra vez: es el triunfo de la fuerza halagada por el hombre. Dice que matar es gobernar. Un peque\u00f1o pr\u00edncipe tendido sobre riqu\u00edsima alfombra juega a la guerra. Ense\u00f1an a un ni\u00f1o el arte del crimen. Sus juguetes - los hombres y los ca\u00f1ones- son terribles. El augusto infante es tan diestro que de un disparo derriba varios soldados. Cierto, son de madera, pero los hombres que matan y mueren por el gusto y la vanidad de sus amos, tambi\u00e9n son hombres de madera. \u00a1Y c\u00f3mo r\u00ede la corte, y qu\u00e9 feliz parece estar! \u00a1Qu\u00e9 gran rey ha de ser! \u00a1Qu\u00e9 excelente asesino ser\u00e1 el ni\u00f1o! Si alg\u00fan s\u00fabdito insolente se atreve a alzar la frente, el lo aplastar\u00e1 como a sus soldados de madera. No hay nada que temer: bajo su mando los dignatarios civiles, eclesi\u00e1sticos y militares, continuar\u00e1n en posesi\u00f3n de la riqueza exprimida del sudor del pueblo. \u00a1Mirad la multitud de adulones en aquella esquina! El ni\u00f1o domina el cuadro, pero no es su se\u00f1or. \u00a1Ah no! El verdadera amo, es el pintor, que en tiempos de admiraci\u00f3n por las cosas triviales hizo con su noble arte un l\u00e1tigo para las manos de la justicia, una denuncia contra los reyes criminales, una voz apacible para las quejas del hombre Y un fulgente veh\u00edculo para el pensamiento. El gusto de la \u00e9poca puede concederle poca importancia, porque a veces obliga al artista a mantener en la oscuridad sus mejores obras, pero es un cuadro admirable.\r\nLleg\u00f3 la guerra, la guerra cruel de Francia en la que muri\u00f3 Henri Regnault el generoso pintor de Prim. Zamacois amaba su patria, y regres\u00f3 a Espa\u00f1a. La enfermedad que le consum\u00eda la vida movi\u00f3 r\u00e1pida sus pinceles. Era un buen a\u00f1o para los pintores espa\u00f1oles. El joven rey Amadeo les encarg\u00f3 cuadros sobre episodios nacionales: A Gisbert, \"La entrada del rey en Cartagena\"; a Rosales, \"La entrada en Madrid\"; a Casado, \"El juramento en la Corte\"; a Paimaroli, \"Una recepci\u00f3n de gala en el Palacio Real\"; y \"El Sal\u00f3n de los Embajadores\" a Eduardo Zamacois, que muri\u00f3 en enero de 1871.\r\nCon el tiempo se rendir\u00e1 el homenaje merecido a este excelente pintor. Fue un gran critico; apunt\u00f3 alto y dio en el blanco. Al ver las heridas del coraz\u00f3n humano trat\u00f3 de curarlas. Fue un verdadero hijo del arte, y defendi\u00f3 a su madre verdadera: la libertad.\r\n\r\nJos\u00e9 Mart\u00ed\r\n(The Sun, XLIX, 60 [Nueva York, 30 de octubre de 1881], p. 3, col. 1-3.)","link":"https:\/\/32reales.com\/en\/artista\/eduardo-zamacois-y-zabala\/","name":"Eduardo Zamacois y Zabala","slug":"eduardo-zamacois-y-zabala","taxonomy":"berocket_brand","parent":0,"meta":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/32reales.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/berocket_brand\/221","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/32reales.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/berocket_brand"}],"about":[{"href":"https:\/\/32reales.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/taxonomies\/berocket_brand"}],"wp:post_type":[{"href":"https:\/\/32reales.com\/en\/wp-json\/wp\/v2\/product?berocket_brand=221"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}<!-- This website is optimized by Airlift. Learn more: https://airlift.net. Template:. Learn more: https://airlift.net. 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