• Publicación de la entrada:junio 6, 2026
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Imagina que estás pintando un retrato. Tomas tu pincel, lo sumerges en ese pigmento marrón cálido que da vida a las sombras y a los tonos de piel, y aplicas la pincelada con la soltura de quien lleva años haciendo esto. Lo que no sabes, o quizás sí sabes y simplemente no piensas en ello, es que en ese tubo de pintura hay polvo de restos humanos. Pedazos de momia egipcia molida.

Esto no es ficción. Esto es la historia real del Mummy Brown, el pigmento más oscuro, en algunos sentidos de la palabra, que jamás haya existido en una paleta de pintor.

Del sepulcro al estudio de arte

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El Mummy Brown, también conocido como Mommia o Momie, comenzó a circular en Europa alrededor del siglo XVI. La receta era tan simple como escalofriante: se tomaban momias egipcias humanas (incluyendo también sus queridos gatitos que las acompañaban en sus tumbas) se molían hasta convertirlas en polvo fino, y ese polvo se mezclaba con brea blanca y mirra para producir un pigmento de color marrón rojizo, translúcido y extraordinariamente versátil.

Los pintores lo adoraban. Era perfecto para veladuras, para pintar sombras profundas y, curiosamente, para representar carnaciones: los tonos cálidos de la piel humana. Qué ironía más perturbadora. Los restos de personas muertas hace miles de años siendo usados para dar vida a los vivos sobre el lienzo.

Los artistas que lo usaron (sin saber lo que era)

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Aquí es donde la historia se vuelve deliciosamente incómoda.

El Mummy Brown alcanzó su mayor popularidad durante el siglo XIX, especialmente entre los Prerrafaelitas, ese grupo de pintores ingleses que rechazaban el arte académico y buscaban un realismo vívido e intenso. Artistas como Eugène Delacroix, Sir William Beechey y Edward Burne-Jones tenían existencias del pigmento en sus estudios. Algunos historiadores sugieren que las sensuales y detalladas pinturas prerrafaelitas que hoy cuelgan en los mejores museos del mundo podrían estar literalmente hechas, en parte, de momias egipcias.

Pero la anécdota más memorable le pertenece al propio Burne-Jones.

Cuenta la historia que durante una cena, el pintor Lawrence Alma-Tadema comenzó a contarle a sus anfitriones, los Burne-Jones, que su proveedor de materiales de arte guardaba una momia egipcia en su estudio para producir el pigmento. Edward Burne-Jones escuchó con creciente incredulidad. Él usaba Mummy Brown. Lo había usado durante años. Pero siempre había asumido que el nombre era simplemente… un nombre. Una denominación comercial. Como “azul Prusia” o “verde esmeralda”.

No. El nombre era completamente literal.

Burne-Jones salió disparado de la cena, cruzó su jardín hasta su estudio, agarró su tubo de Mummy Brown y lo enterró con todos los honores fúnebres que pudo improvisar. No iba a ser él quien siguiera usando aquello.

El negocio más macabro de la historia del arte

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Para entender la escala de todo esto, hay que entender que las momias egipcias no eran una rareza en la Europa de los siglos XVI al XIX. Eran una mercancía.

Las momias llegaban en barco desde Egipto, especialmente después de que la invasión napoleónica desató una nueva ola de Egyptomania en el continente, y se vendían en boticarios europeos junto a otros medicamentos. Sí: las momias también se usaban como medicina. El polvo de momia era considerado un remedio para toda clase de males, desde las contusiones hasta la epilepsia.

Pero la tienda más famosa en este negocio fue C. Roberson & Co., una casa de materiales artísticos de Londres que siguió produciendo y vendiendo Mummy Brown con total normalidad hasta bien entrado el siglo XX. En 1964, el año en que los Beatles lanzaban A Hard Day’s Night, un director de la compañía le confió a la revista Time que habían tenido que dejar de fabricarlo. El motivo: se les habían acabado las momias. “Puede que tengamos algún miembro suelto por ahí en algún lugar”, dijo, “pero no lo suficiente para hacer más pintura. Vendimos nuestra última momia completa hace unos años por, creo, tres libras.”

!Tres libras!

Un representante de Roberson recordó haber visto partes de momias en la tienda todavía en los años ochenta, cuando la empresa fue vendida a un nuevo dueño.

Las pinturas más famosas del mundo podrían tener momia

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Esta es la pregunta que nadie sabe responder con certeza: ¿qué obras maestras contienen Mummy Brown?

La respuesta honesta es que no lo sabemos con exactitud. Identificar el pigmento en pinturas antiguas es técnicamente posible pero complejo. Lo que sí sabemos es que los artistas que lo compraron eran algunos de los más influyentes de su época.

Existe la hipótesis, formulada por National Geographic, de que La Libertad guiando al pueblo de Delacroix podría contener el pigmento. También se ha sugerido que algunas de las grandes pinturas prerrafaelitas, incluyendo murales de Burne-Jones y Rossetti para la Biblioteca de la Oxford Union, podrían haberlo usado.

La conservadora Sally Woodcock, investigadora del Archivo Roberson en el Museo Fitzwilliam de Cambridge, señaló algo que resulta casi poético en su absurdidad: “Sería bastante interesante ver si estos artistas estaban usando momias para pintar momias”, dado que varios pintores prerrafaelitas que compraban el pigmento en Roberson pintaban escenas de ambientación egipcia.

¿Por qué dejó de usarse?

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Por dos razones que llegaron al mismo tiempo.

La primera fue ética. A principios del siglo XX, el mundo comenzó a reconocer el valor científico, arqueológico y cultural de las momias. La idea de molerlas para hacer pintura empezó a parecer lo que siempre había sido: una profanación. La reducción en la exportación de momias desde Egipto también hizo que el suministro se agotara progresivamente.

La segunda fue técnica: el Mummy Brown era, en el fondo, un pigmento bastante malo. Con el tiempo, tendía a cuartearse y a desvanecer. La llegada de los pigmentos sintéticos del siglo XX ofreció alternativas más estables, más predecibles y, crucialmente, sin necesidad de desenterrar a nadie.

Hoy en día el nombre “Mummy Brown” sigue usándose para describir un tono específico de marrón, pero las versiones modernas del pigmento están fabricadas con minerales como hematita y cuarzo. Cero restos humanos. Cero momias. Solo química.

Lo que esto nos dice sobre el arte y la historia

La historia del Mummy Brown es, en el fondo, una historia sobre lo mucho que ignoramos de los objetos que nos rodean.

Cuando caminamos por un museo y nos detenemos frente a una pintura victoriana de colores ricos y sombras cálidas, no pensamos en los ingredientes. Igual que cuando nos sentamos a comer no pensamos en la cadena completa que llevó ese alimento hasta nuestra mesa. Los objetos, especialmente los objetos con historia, cargan consigo capas de realidad que la mirada superficial nunca alcanza.

Y quizás eso es lo más fascinante del arte antiguo y las antigüedades: que cada pieza tiene una historia oculta, a veces hermosa, a veces incómoda, a veces completamente perturbadora.

Como la de ese marrón perfecto que los mejores pintores del mundo aplicaban sobre sus lienzos, sin saber, o sin querer saber, que estaban pintando con los muertos.


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