José Luis Cuevas
José Luis Cuevas

José Luis Cuevas
Ciudad de México
26 de febrero de 1934 – 3 de julio de 2017

José Luis Cuevas fue una de las figuras más provocadoras, originales e influyentes del arte mexicano del siglo XX. Dibujante extraordinario, grabador, pintor, escultor, ilustrador y escritor, construyó durante más de seis décadas un universo poblado por personajes deformes, solitarios, marginados y perturbadores. Su obra ayudó a cambiar el rumbo del arte mexicano al cuestionar el predominio del muralismo y defender una expresión artística individual, cosmopolita y alejada de los discursos oficiales. Hoy, Cuevas ocupa un lugar central dentro de la llamada Generación de La Ruptura y es reconocido internacionalmente como uno de los grandes representantes de la neofiguración latinoamericana. Para los coleccionistas que siguen la historia del arte mexicano moderno, su producción gráfica y sus dibujos continúan siendo especialmente atractivos. En 32 Reales nos interesa acercar estas obras a nuevos coleccionistas y contribuir a preservar la memoria de un artista cuya influencia sigue siendo evidente.

José Luis Cuevas Novelo: infancia y formación artística

José Luis Cuevas Novelo nació el 26 de febrero de 1934 en la Ciudad de México, en los altos de la fábrica de lápices y papeles El Lápiz del Águila, propiedad de su abuelo paterno, Adalberto Cuevas. El contacto cotidiano con el papel, los lápices y los materiales para dibujar parece haber sido una coincidencia providencial para quien terminaría convirtiéndose en uno de los dibujantes mexicanos más importantes del siglo XX. Desde niño mostró una extraordinaria facilidad para el dibujo y, a los siete años, ganó un concurso infantil de la Secretaría de Educación Pública con un autorretrato titulado “El niño obrero”. A los diez años ingresó como alumno irregular a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, aunque una fiebre reumática lo obligó a interrumpir sus estudios. Durante la convalecencia desarrolló intensamente su lectura y dibujo, consolidando una formación que sería esencialmente autodidacta. En 1948 estudió grabado en el Mexico City College, donde tuvo contacto con la artista Lola Cueto.

Su acercamiento profesional al mundo del arte fue extraordinariamente temprano. Existen referencias a una primera presentación pública de su trabajo en 1948, en el Seminario Axiológico de la Ciudad de México, cuando todavía era muy joven. Su primera exposición individual formal tuvo lugar en 1953 en la Galería Prisse, espacio fundamental para la renovación de la escena artística mexicana. Allí coincidió con otros jóvenes creadores que posteriormente serían relacionados con La Ruptura. La muestra recibió una crítica favorable y llamó la atención del coleccionista Alvar Carrillo Gil, quien adquirió obras de su serie “La Casa Rosa”. Al año siguiente, Cuevas presentó sus dibujos en la Unión Panamericana de Washington, D.C., exposición organizada con el impulso del crítico cubano José Gómez Sicre. La muestra fue decisiva para su proyección internacional.

El nacimiento de un artista incómodo

Desde sus primeros años, Cuevas encontró inspiración en lugares y personajes que rara vez ocupaban el centro de la pintura mexicana. Hospitales, manicomios, prostíbulos, cárceles y barrios marginales alimentaron su imaginario. Durante su juventud llegó a realizar dibujos de pacientes del antiguo manicomio de La Castañeda, experiencia que reforzó su interés por la enfermedad, la soledad, la locura y las zonas más oscuras de la experiencia humana. En lugar de representar al individuo idealizado que abundaba en el arte oficial de la época, Cuevas prefería mostrar cuerpos frágiles, rostros envejecidos, seres deformados y personajes psicológicamente complejos.

Su lenguaje se desarrolló alrededor de una línea nerviosa, expresiva y extraordinariamente flexible. El dibujo se convirtió en su herramienta fundamental. Con tinta, lápiz, acuarela, gouache y técnicas gráficas consiguió crear figuras que parecen encontrarse siempre al borde de la transformación. Cabezas enormes, cuerpos desproporcionados, ojos penetrantes y rostros casi fantasmales se convirtieron en algunas de las señas de identidad de su obra.

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ha señalado precisamente la importancia de sus protagonistas marginales y su predilección por las técnicas sobre papel. La institución describe un universo en el que aparecen locos, prostitutas, criminales y otros personajes situados fuera del orden social convencional.

José Luis Cuevas y La Ruptura

Durante los años cincuenta, México vivía todavía bajo la enorme influencia de la Escuela Mexicana de Pintura y del muralismo de Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Cuevas consideraba que aquel modelo había adquirido un peso excesivo dentro de la cultura nacional y defendió la necesidad de abrir el arte mexicano hacia otras posibilidades.

En 1956 publicó su célebre texto “La cortina de nopal”, una declaración crítica contra el nacionalismo artístico que dominaba buena parte del panorama cultural mexicano. El texto se convirtió en uno de los antecedentes intelectuales más conocidos de La Ruptura, término con el que posteriormente se identificó a un conjunto heterogéneo de artistas que buscaban mayor libertad estética y temática.

Cuevas estuvo relacionado con creadores como Alberto Gironella, Lilia Carrillo, Manuel Felguérez, Vicente Rojo, Fernando García Ponce, Juan Soriano y Mathias Goeritz. Conviene aclarar que La Ruptura no fue un movimiento organizado con un manifiesto único ni un estilo uniforme. Fue, más bien, una generación de artistas que coincidieron en su rechazo al predominio del nacionalismo pictórico y en su búsqueda de lenguajes más personales e internacionales. Cuevas fue una de sus voces más combativas.

Su actitud provocadora también formó parte de su estrategia pública. En una entrevista concedida a LatinArt, Cuevas llegó a afirmar: “la ruptura fui yo”, reivindicando de manera deliberadamente provocadora su papel dentro de aquella transformación del arte mexicano.

Obras y series más importantes

La producción de José Luis Cuevas es extensa y abarca dibujo, grabado, litografía, pintura, escultura, ilustración y obra escrita. Entre sus trabajos y series más reconocidos pueden mencionarse:

“Retrato de una agonizante” (1953), una obra temprana representativa de su interés por los personajes marginales y la fragilidad humana.

“La Casa Rosa”, serie que llamó la atención del coleccionista Alvar Carrillo Gil en los primeros años de su carrera.

“Charenton” (1965-1966), proyecto gráfico inspirado en el mundo del hospital psiquiátrico de Charenton y en personajes vinculados con el Marqués de Sade. El Museum of Modern Art conserva ejemplares de esta importante serie gráfica.

“Crime by Cuevas” (1968), una de sus carpetas gráficas más importantes, integrada por doce litografías publicadas por Touchstone Publishers en Nueva York e impresas por Mourlot Graphics. El MoMA conserva la carpeta y registra una edición de 100 ejemplares.

“Cuevas’ Comedies” (1971-1972), otra importante carpeta gráfica que combina litografía y serigrafía y que también forma parte de la colección del MoMA.

“El Mural Efímero” (1967), intervención realizada en la Zona Rosa de la Ciudad de México y convertida en uno de los gestos artísticos más emblemáticos de La Ruptura. Con esta acción Cuevas llevó su confrontación con la tradición muralista directamente al espacio público.

“La Giganta”, monumental escultura en bronce basada en un boceto realizado en 1978 y fundida en 1991, constituye una de las obras escultóricas más conocidas de su producción.

“Figura Obscena”, escultura monumental que generó amplio debate público y demuestra hasta qué punto Cuevas continuó provocando al espectador incluso durante sus últimas décadas.

A estas obras se suman numerosos autorretratos, dibujos de personajes literarios, ilustraciones relacionadas con Franz Kafka, series inspiradas en el Marqués de Sade, Quevedo y otros escritores, además de sus numerosos trabajos sobre papel.

Premios, distinciones y reconocimientos

La trayectoria internacional de José Luis Cuevas estuvo acompañada por numerosos reconocimientos. Entre los más importantes destacan:

• Primer Premio Internacional de Dibujo en la V Bienal de São Paulo, Brasil, 1959.

• Premio Internacional de la II Bienal de París para jóvenes pintores, Francia, 1961.

• Primer Premio Internacional de Grabado en la I Trienal de Nueva Delhi, India, 1968.

• Premio Nacional de Ciencias y Artes, México, 1981, uno de los máximos reconocimientos otorgados por el Estado mexicano en el ámbito cultural.

• Premio Internacional del Consejo Mundial del Grabado, San Francisco, Estados Unidos, 1984.

• Orden de Caballero de las Artes y de las Letras de la República Francesa, 1991.

• Ingreso al Sistema Nacional de Creadores como Creador Emérito, 1993.

• Premio Tomás Francisco Prieto, Madrid, 1997.

• Medalla Bellas Artes, México, 2003.

Exposiciones nacionales e internacionales

La carrera de Cuevas tuvo una dimensión internacional desde sus primeros años. Entre sus exposiciones y participaciones más relevantes se encuentran:

• 1953, Galería Prisse, Ciudad de México, México. Primera exposición individual formal.

• 1954, Unión Panamericana, Washington, D.C., Estados Unidos. Primera exposición individual internacional de gran importancia.

• 1955, Galerie Édouard Loeb, París, Francia.

• 1956, Palacio de Bellas Artes, La Habana, Cuba.

• 1957, Musée de La Napoule, Francia, en la exposición “Quatre Maîtres de la Ligne”.

• 1958, Instituto de Arte Contemporáneo, Lima, Perú.

• 1958, Galería de Arte Contemporáneo, Caracas, Venezuela.

• 1959, V Bienal de São Paulo, Brasil, donde obtuvo el Primer Premio Internacional de Dibujo.

• 1960, Philadelphia Museum of Art, Filadelfia, Estados Unidos.

• 1963, Unión Panamericana, Washington, D.C., Estados Unidos, en una exposición retrospectiva dedicada a los primeros quince años de su trayectoria.

• 1965, Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York, Estados Unidos, dentro de “The Emergent Decade”, una exposición fundamental para el reconocimiento internacional del arte latinoamericano contemporáneo.

• 1976, Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris, París, Francia, donde presentó una retrospectiva de sus dibujos.

• 1982, “Marzo, Mes de José Luis Cuevas”, proyecto internacional que llevó simultáneamente su obra a galerías y espacios culturales de México, Barcelona, París, Lima, San Diego, Miami, Washington, Nueva York y otras ciudades.

• 1998, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, España. Gran retrospectiva con más de 140 obras entre dibujos, grabados, pinturas y esculturas.

• 1999, Fundación Pablo Picasso, Málaga, España, “José Luis Cuevas. Obra gráfica”.

• 2005, Museum of Latin American Art, Long Beach, California, Estados Unidos, exposición dedicada a sus dibujos y esculturas.

• 2008, Museo del Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México, México. Gran retrospectiva de su trayectoria, con aproximadamente 250 piezas y curaduría de Teresa del Conde y Luis Rius.

• 2018, Museo José Luis Cuevas, Ciudad de México, México. “Cuevas desde el origen”, exposición retrospectiva con 180 obras organizada con motivo del primer aniversario de su fallecimiento.

La presencia de José Luis Cuevas en grandes museos y colecciones

La importancia de Cuevas también puede medirse por la presencia de su obra en instituciones internacionales. El Museum of Modern Art de Nueva York cuenta actualmente con decenas de obras del artista registradas en su colección, incluyendo “Madman”, “Madwoman”, “The Cretin”, “Charenton”, “Recollections of Childhood”, “Crime by Cuevas” y “Cuevas’ Comedies”.

El Metropolitan Museum of Art de Nueva York conserva diversos dibujos de Cuevas, entre ellos “Planning an Exhibition” de 1978, “The Month of Cuevas” de 1981 y “The Catalan Profile” de 1981.

Su obra también está representada en importantes instituciones como el Philadelphia Museum of Art, Brooklyn Museum, Cleveland Museum of Art, Smithsonian American Art Museum, Los Angeles County Museum of Art y otros museos de México, Estados Unidos, Europa y América Latina. La Organización de Estados Americanos señala además que después de su primera exposición en Washington, varias de sus obras ingresaron a colecciones como las del MoMA, Brooklyn Museum y Cleveland Museum of Art.

En Madrid, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía no solamente organizó su gran retrospectiva de 1998, sino que conserva obra del artista y publicó el catálogo de aquella exposición, con textos de escritores como Carlos Fuentes, Octavio Paz, Mario Vargas Llosa, Juan García Ponce y José Emilio Pacheco.

El Museo José Luis Cuevas

Uno de los reconocimientos más extraordinarios de su trayectoria ocurrió en vida: la creación de un museo dedicado a su obra. El Museo José Luis Cuevas abrió sus puertas el 8 de julio de 1992 en el antiguo Convento de Santa Inés, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

El recinto alberga una importante selección de su producción y también parte de la colección de arte que reunió junto con su primera esposa, Bertha Riestra. La colección incluía más de dos mil obras de aproximadamente 241 artistas, con especial presencia de creadores latinoamericanos.

El museo constituye una pieza fundamental para comprender a Cuevas no solamente como creador, sino también como coleccionista, promotor cultural y protagonista de la vida artística mexicana durante la segunda mitad del siglo XX.

José Luis Cuevas escritor y cronista

La personalidad artística de Cuevas no se limitó a las artes visuales. También cultivó la escritura y utilizó la prensa como una extensión de su actividad artística. Entre 1985 y 2012 publicó “Cuevario”, una columna de carácter autobiográfico y de crítica de arte en los periódicos Excélsior y El Universal. También publicó libros autobiográficos, entre ellos “Gato Macho”.

Su actividad literaria resulta particularmente interesante porque permite conocer la personalidad detrás de los dibujos. Cuevas entendía su propia vida como materia artística y convirtió sus recuerdos, amistades, viajes, encuentros y polémicas en parte de su obra pública. En una entrevista recordó que su intención al escribir era construir una biografía de todo lo vivido y llegó a decir que, de no haberse dedicado a las artes plásticas, habría sido escritor.

José Luis Cuevas en sus propias palabras

Cuevas fue un entrevistado extraordinariamente expresivo y tenía plena conciencia del papel que desempeñaba dentro del arte mexicano. En una entrevista con LatinArt explicó su enfrentamiento con el muralismo y su intención de abrir nuevos caminos para el arte mexicano. Al hablar de La Ruptura afirmó provocadoramente:

“la ruptura fui yo”.

En la misma entrevista sostuvo que aquel cambio abrió nuevas posibilidades para el arte nacional y que otros artistas de su generación posteriormente se sumaron a esa transformación.

En otra ocasión resumió su concepción del trabajo artístico con una frase particularmente reveladora: para ser un verdadero artista, según Cuevas, se necesitaban “una vocación muy firme, una disciplina férrea, una entrega absoluta”. También rechazaba la idea romántica de esperar la inspiración antes de trabajar, pues para él el oficio dependía del trabajo cotidiano.

Su relación con la muerte fue otro tema recurrente. La Jornada recordó una de sus frases más conocidas: “Mi obra es una larga meditación de la muerte”. Esa preocupación atraviesa buena parte de su producción y ayuda a comprender por qué sus personajes suelen aparecer aislados, deformados, enfermos o enfrentados a situaciones límite.

El legado de José Luis Cuevas

La importancia histórica de José Luis Cuevas radica en haber demostrado que el arte mexicano podía abandonar los modelos establecidos sin perder su identidad. Su obra no necesitó recurrir al paisaje mexicano, al héroe revolucionario o al mural monumental para hablar de México. Cuevas encontró su propio territorio en el individuo, en sus contradicciones y en aquello que la sociedad prefería mantener fuera de escena.

Su influencia puede rastrearse en la renovación del dibujo, el grabado y la figuración mexicana durante la segunda mitad del siglo XX. Su trabajo también ayudó a colocar la gráfica latinoamericana en circuitos internacionales donde anteriormente tenía una presencia mucho menor.

Para quienes coleccionan arte mexicano moderno, José Luis Cuevas representa una figura especialmente importante porque su producción abarca prácticamente todos los medios y porque sus obras sobre papel permiten seguir con enorme claridad la evolución de su lenguaje. En 32 Reales consideramos particularmente valiosa su obra gráfica, ya que permite acceder a momentos fundamentales de su trayectoria mediante piezas originales, firmadas y, en muchos casos, pertenecientes a ediciones limitadas. Nuestra selección busca presentar estas obras dentro de su contexto histórico y artístico, facilitando al coleccionista una comprensión más profunda de lo que está adquiriendo.

Últimos años y fallecimiento

José Luis Cuevas continuó produciendo y exponiendo durante sus últimas décadas, manteniendo una presencia activa en la vida cultural mexicana. Murió el 3 de julio de 2017 en la Ciudad de México. Tenía oficialmente 83 años de acuerdo con la fecha de nacimiento del 26 de febrero de 1934, aunque durante años circularon discrepancias sobre su año de nacimiento.

Las primeras noticias sobre su fallecimiento no hicieron pública la causa. Posteriormente, el acta de defunción consultada por Milenio señaló como causas “acidosis metabólica severa, presión sacra y cáncer de colon”. Otras fuentes biográficas han señalado que el cáncer de colon había hecho metástasis en los pulmones.

Su muerte marcó el final de una de las personalidades más singulares del arte mexicano moderno. Sin embargo, su legado continúa vivo en sus dibujos, grabados, litografías, pinturas y esculturas, así como en las colecciones de grandes museos internacionales y, de manera muy especial, en el Museo José Luis Cuevas de la Ciudad de México.

José Luis Cuevas dejó una obra que todavía incomoda, provoca y fascina. Quizá ahí se encuentre precisamente la mejor medida de su éxito como artista: más de medio siglo después de sus primeras exposiciones, sus personajes siguen mirándonos desde el papel con la misma intensidad con la que fueron creados.